Mi vocación
Perdóname Señor, por vivir últimamente de mis imágenes, de mis ideas, de mis proyectos… es inevitable prepararlos, imaginarlos, ¡desearlos!…
Cuando estaba en el aeropuerto camino a Paraguay, una chica se acercó y comenzamos a hablar de los motivos de nuestros viajes. Ella era una joven protestante que volvía a casa, después de dos años de trabajo en Londres. Yo una chica católica que venía de la JMJ e iba de misiones a Paraguay. Misionera. “Sí. Soy misionera” – le respondí. Recuerdo de vez en cuando con alegría estas palabras que pude pronunciar “soy misionera”.
Cuando estoy con mis amigos seminaristas o con mis amigas que tienen novio, disfruto de la firmeza de su identidad: “soy seminarista”, “somos novios”- porque saben bien quiénes son.
Si incluimos a las monjas y religiosos, y casamos a los novios, parece que completamos el abanico de posibilidades vocacionales. Pero equivocada y repetidamente, reducimos la vocación a esto. Yo, al menos, la reduzco a esto: “Señor, ¿quieres que sea monja?… ¿Entonces misionera?… ¿Novia de este chico?…” y al final: “¿Señoooor…?”
Vivir así me pone triste.
Sin embargo cuando sé quién soy, vivo contenta. Por ejemplo, cuando voy de monitora a los campamentos, tengo presente que soy precisamente monitora, y no la cocinera, ni la jefa, ni el sacerdote, ni mucho menos una acampada. Y si pretendo con todo tipo de buenas intenciones coordinar el campamento o ayudar en la cocina, dejando de lado mi responsabilidad de monitora, me equivoco. Saber quién soy me sitúa ante la realidad de las circunstancias.
Por eso cuando espero ser quien no soy, o cuando no acepto o no asumo o no me conformo con quién soy (porque comparo mi experiencia con la de otros), sufro porque mi imaginación empieza a idear planes que no siempre se ven correspondidos con lo que va sucediendo. Y si por el contrario consiguiera confiar en Dios y abandonarme, sé que respiraría tranquila…
Últimamente me preguntaba Señor, si juegas conmigo. Los demás tienen un seminario, un novio o un camino, y yo había decidido “sentarme en el banquillo” cansada de tener que esperar con la inalcanzable paciencia con que todo el mundo te invita a vivir. Pero hoy me urgía preguntarte si <esto> es TODO, Señor. Porque no quiero seguir viviendo así de egoísta y desagradecida. Y porque sé que en mi vida hay mucho más que esta aburrida desesperanza. Entonces me has mostrado el camino que he estado recorriendo hasta ahora. Me has enseñado la tierra que piso hoy, y recordando también estas palabras “la pasión en tu vida la pone Cristo en la carne de quienes se rozan contigo, y no en esas geniales ilusiones que evoca tu imaginación algunos días, y que como vienen, se van” he reconocido mi vocación; aquello a lo que me llamas hoy: pisar apasionadamente la tierra por donde voy. La tierra de ahora. No la de unos kilómetros más a delante. Ni si quiera la del tramo que ya recorrí. Y abrazar este camino, que, bueno, no se llama “Paco, Pepe, convento, ni misión…” sino “estudiante, hija, hermana, amiga, catequista…” llamada a amar y a entregarse con pasión y alegría. Esta es mi vocación. Esto es lo que me estás pidiendo a mí, ahora. Esto, y nada distinto ni más idílico o heroico de lo que pueda inventar.
Decía la primera lectura de hoy: “¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia”.
Filed Under: Portada


Querida amiga…. cada día estoy más convencida de que “la vocación de uno está allí donde Dios le pide que actúe…” y como bien dices tú…”llamada a amar y a entregarse con pasión y alegría…” (al final y al cabo esto es lo básico de nuestra existencia AMAR a quien tenemos a nuestro lado)
Quizá Pati, la cuestión no hay que planteársela al Señor, ¿qué quieres que haga Señor?, sino más bien ofrecerse al Señor, con toda la confianza, pues somos de Él y decirle, aquí estoy y aquí me tienes. Tú que lo eres todo para mi, sabrás en qué me puedes emplear, incluso en lo más ínfimo que un ser humano crea, porque Tú tienes otra manera de ver las “necesidades”, y yo no voy a exponerte mi “curriculum” para obtener el mejor puesto. Y evidentemente, Dios responde a su modo, a veces no coincide con lo que nosotros deseamos, pero no te quepa la menor duda, siempre de la mejor manera para tí.
PATIIIIIIIIIIIIIIII es profundamente verdad ese grito interno, ese pensar que juega con nosotros porque no vemos ‘un camino’ con nombre…con los que vemos esos caminos en los otros… y la tristeza que le sigue.
No es facil reconocerlo, porque duele, porque la conclusion de qeu “Dios se ha olvidado de mi” llega en seguida..y es una conclusion facilmente aceptable y que deberíamos ser conscientes de que está puesta ahi por el padre de la mentira (igual que a Adan y eva en el paraiso, es una conclusion de que Dios en realidad, no te quiere tanto, si acaso, te usa, pero Dios no puede ser un Dios ‘utilitarista’ ¡¡me niego a creerlo! en su plan, sea cual sea, aunque ‘te utilice’ está tu felicidad, al ser tu feliz, cumplirás su plan , que no va nunca en contra de tu felicidad…y serás su instrumento, pero no busca unicamente ‘tu servicio’) y no deberíamos dejar que arraigara en nosotros… ¡¡pero es una lucha tan dificil!!
Y el que dices, yo experimento que es el único camino: Abrazar este regalo, esta llamada hoy. Y pedir y seguir deseando..yo al menos no conozco otro.
Gracias
Gracias Pati.
Tu franqueza es conmovedora y tus palabras resuenan más allá de las letras.
Quisiera repetir tus palabras, una por una y hacerlas mías.
Porque yo sé que soy cristiana, esposa, madre, hija, hermana, amiga y muchas cosas más. Pero a menudo tambien divago e ideo y me alejo de lo que el Señor quiere para mi.
Que viva hoy, lo que tenga preparado para mi y que lo viva con la gratitud y la confianza de quien sabe hacia donde camina y de dónde viene.
Gracias por abrir tu corazon y gracias por tu generosidad.
Ya sabes que te aprecio mucho. Despues de leerte, aun más.
Gracias Patilí.
Da gusto leer algo tan personal.
A unos les marca el camino muy pronto. A otros, parece, más poco a poco.
En ambos casos, como indicáis, AMAR, QUERER, VIVIR con ilusión, fuerza, entrega.
GRACIAS.