¿Por qué dar gracias?
Hace algunos años un amigo me comentó que pensaba que había personas que tenían una vida muy desgraciada y que no tenían motivos para darle gracias a Dios. Esto me hizo reflexionar y escribí una breve acción de gracias, en modo alguno exhaustiva, que pienso sinceramente que puede decir cualquier persona, por muy desgraciada que sea.
Gracias Señor, porque me has creado. Yo no existía y Tú me creaste. Pensaste en mí, antes de que yo naciera, antes de que mis padres se conocieran, antes incluso de la creación del mundo. Tú pensaste en mí y me creaste, a su debido tiempo. Podías no haberme creado. Podías haber hecho alguien mucho mejor, mucho más santo que yo, en mi lugar. Pero Tú me elegiste a mí.
Gracias Señor, porque me has creado por amor. Cuando yo todavía no existía, Tú al pensar en mí, me amaste. Y me creaste por amor. Un amor infinito, un amor más grande que el de todos los padres y madres de la historia de la humanidad juntos. Un amor incondicional, un amor eterno.
Gracias Señor, porque me has creado por amor y para el amor. Cuando yo todavía no existía, Tú pensaste en mí y me amaste, y quisiste crearme para que yo viviera en el mundo que Tú habías creado, y a mi muerte pasar a tu Reino, donde gozaré eternamente de tu amor infinito, de la plenitud eterna de tu gloria. La vida no es un absurdo, una pasión inútil, un azar; es el camino, según tu designio misterioso, para reunirnos contigo.
Gracias Señor, porque cuando yo estaba perdido Tú te entregaste por mí. Tú pagaste mis deudas, tan enormes que yo no podía saldar. Tú te dejaste crucificar por mí, para salvarme y rescatar el destino eterno que Tú querías para mí.
Gracias Señor, porque aunque yo tantas veces en mi vida no he correspondido a tu amor, e incluso lo he rechazado con mi pecado, Tú me perdonas. Me perdonas una y otra vez. Aniquilas mis pecados con cada confesión bien hecha.
Gracias Señor porque te has revelado. Nos has enviado tu mensaje, primero a través de los Profetas, luego en tu mismo Hijo, mensaje después recogido en las Escrituras, y custodiado en la riquísima Tradición de la Iglesia.
Gracias Señor porque me has hecho a tu imagen y semejanza. Aunque yo todavía no termino de comprender qué significa esto, me doy cuenta de que es algo grandioso, algo ante lo cual debo asombrarme y adorarte.
Gracias Señor porque te has quedado con nosotros todos los días hasta el fin del mundo en la Eucaristía. Gracias por que te has hecho pan, para que podamos comerte y así estar en comunión contigo.
Gracias Señor, porque quisiste que hubiera otros como Tú, otros Cristos, que administrasen los sacramentos.
Gracias Señor, porque creaste tu Iglesia, que proclama la salvación que viene por tu nombre y derrama tus bendiciones por todo el mundo.
Gracias Señor porque me mantienes en vida a cada instante. Sé que sólo existo porque Tú me creaste y porque mantienes la creación en la existencia por tu amor.
Gracias Señor, porque no eres un Dios lejano, inaccesible, sino cercano y amigo. Cuando sufro, ante la enfermedad, el dolor, la muerte de los seres queridos, Tú estás ahí, a mi lado, sufriendo conmigo.
Gracias Señor porque, aunque me aguarda la muerte, mi destino último no es la aniquilación, sino la resurrección, la vida eterna con un cuerpo glorioso, infinitamente feliz, insertado en Ti.
Gracias Señor, porque nos has dado a tu Madre. Cuando te habíamos despojado de todo, en la cruz, desnudo, herido, despreciado, nos diste lo mejor que tenías. Ella es nuestra madre, y nosotros somos sus hijos. Ella es nuestro consuelo, nuestra guía, nuestro refugio, nuestro auxilio…
Gracias Señor por la belleza de la creación, reflejo de la tuya, este mundo tan hermoso que nos has confiado para que seamos sus administradores fieles.
Gracias Señor, porque sé que todo lo que me ocurra, aun lo que me parece malo, es para mi bien, porque “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rom 8, 28).
Filed Under: Portada


Bravo Aldabón.
Esta oración la deberíamos rezar cada día, cada momento en el que caigamos en la desesperación, la tristeza o el desamor.
Es la oración del cristiano. Es nuestra vida.
Gracias.