El amor supremo de una madre
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no evanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, todo lo puede. El amor no pasará jamás. 1 Corintios.
Adela es madre. Tiene una hija de 11 años y un hijo de 14. Se comunica con ellos a través de su ordenador ya que no puede hablar. Tiene ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Lo que sigue es una entrada en su impresionante blog “Vivencias” de la página web de la Asociación de enfermos de ELA (ADELA) dirigida a su hija primero y a su hijo en la segunda parte y que refleja la grandeza del amor de una madre muy especial.
“No me enfado porque me lleves la contraria. Sólo me crispo un poco porque no puedo explicarte, porque tú, con tus benditos once años tan cargados de razón, necesitas que alguien te dé respuestas a tus incontables razonamientos, y yo estoy llena de esas respuestas, porque soy tu madre, pero no puedo dártelas. Y tus laberínticos argumentos llevan mis dedos al agotamiento, y me doy por vencida.
Lloro porque llegas a casa mal, y eres mi hijo, has tenido un problema, y de nuevo, de mis agotadas manos no salen las palabras suficientes para consolarte. Sólo puedo pedirte que me abraces.
Algún día entenderéis que en mis silencios no había desprecio, ni enfado, es sólo que no pude contestaros.
Pero aún así elijo quedarme, todo lo que aguante. Me quedo para que tengas una madre a la que abrazarte cuado estés triste, o cuando estés alegre; para que me despiertes por la noche y te duermas en mi hombro, porque has soñado con arañas; para que me cuentes lo que tengas ganas de contarme; para que veamos una peli juntos. Yo me quedo porque todavía eres frágil, y todavía tienes mucho que abrazarme.
Y gracias a eso, también me quedo porque hay que crecer en la vida, y tal vez yo me olvidé de hacerlo antes, cuando creía que el tiempo era eterno para mí.
Y porque todos los que estáis a mi alrededor hacéis que pueda y quiera quedarme”.
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Gracias, Asun, por ser como eres
Querida Pering.
Muchas gracias por esta entrada.
No es que me haya emocionado, me has hecho llorar incontroladamente, como esa impresionate madre con ELA que llora porque su hijo llega mal a casa y a ella le duelen mucho los dedos para poder comunicarse con él.
Gracias por este testimonio en un día como hoy.
Que el niño Jesús entre de pleno en esa familia tan especial.
GRACIAS.
Hay lecturas, como ésta, que dejan huella. Y múltiples temas de meditación. ¿O es oración?. No hay enumerarlos, todos sabemos cuales son. Muchas gracias al autor.
Impresionante!!!! Menudo testimonio.
Me ha encantado por su sencillez y rotundidad. Las palabras, en este caso ausentes, pueden conmover, pero el ejemplo -quiero quedarme-, arrastra. Un abrazo.
Impresionante. Cuánto avanzan en la vida los que a través del sufrimiento alcanzan a ver cosas que otros a menudo ni nos planteamos.
Y que error tan común pensar que tenemos infinito tiempo para vivir…
Gracias!!!