El tenis, Nadal, España
Me encanta el tenis. Jugarlo, verlo, seguirlo. Es pura pasión.
Comencé a jugarlo desde pequeño, recién cumplidos los ocho años. Hacia los quince, lo “abandoné” (nunca del todo) cambiándolo por el kárate –lo practiqué hasta los 25 años-.
Me acuerdo perfectamente, en el verano de 2005 retomé con fuerza el tenis, volviendo a jugar de forma regular (uno y, con mucha suerte, dos veces a la semana). Sin contar agosto, donde en Ribadesella (Asturias) juego prácticamente todos los días (¡Qué gozada!).
Pero decía, que me apasiona el tenis. Es un deporte que transmite valores como el sacrificio, la constancia, la renuncia, el esfuerzo. Además de, por supuesto, ganas de superación, control y fuerza mental, gran forma física, respecto al contrario…
Si tenemos los españoles algún tenista que cumpla –y supere- con dichos valores a la perfección, ése es Rafa Nadal.
Es todo un ejemplo de tenacidad, compromiso, perseverancia, educación, pasión, alegría. ¡Qué grande es verle jugar!
Hay algo que le falta al tenis: el equipo. Es un deporte individualista. No compartes, confías, dependes, esperas…de otro. Eres tú y sólo tú. Ese punto es el menos atractivo de este apasionante deporte.
Pero esa apertura al colectivo, al equipo la tenemos en mi competición tenística (y creo que de muchos españoles) preferida: la Copa Davis.
Como muchos sabréis, España ha ganado su 5ª Copa Davis en los últimos 11 años. La primera fue en el 2000, la última hace unos días. Por cierto, hemos ganado 3 de las últimas 4 Copa Davis.
Decía que en esta competición el individualismo tenístico se abre al equipo: prima el conjunto. El “todos” más que el “yo”. Se toman decisiones en pro del grupo (quién es seleccionado, quién juega cada partido, qué tipo de superficie se elige, quién debe jugar los dobles…). Si pierden, pierden todos. Si ganan, ganan todos.
Pero la Davis tiene algo que la hace especialmente emotiva: los jugadores no se representan a sí mismos; ellos son ESPAÑA.
¡Qué gusto ver las gradas de La Cartuja de Sevilla repleta de banderas de España!, ¡Qué emoción oír cantar a los jugadores españoles su famoso “Gracias por ser español”, ¡Qué grande cuando los aficionados cantan y bailan con el “Que Viva España” o el “Yo soy español, español, español”.
Los valores del tenis y los sentimientos nacionales se unen de tal forma que, viendo a Nadal, a Ferrer y a todos los demás, no sólo ves a unos jugadores excepcionales, sino que te emocionas de que estén representando a tu patria, a tu apasionante país, a tu querida España.
En la Copa Davis, España es más España. España está orgullosa de ser España. Olé.
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Comparto esa afición al tenis desde niño. Es mi deporte preferido. Pienso que Rafael Nadal es uno de los mejores de la historia. Ha dado sobradas muestras de coraje, tenacidad, deportividad, entrega, sacrificio, tesón… y también tenemos otros grandes en el tenis español, quizá menos brillantes pero sin duda excelentes deportistas, como (entre otros) los activos o recientes David Ferrer, Juan Carlos Ferrero, Feliciano López, Fernando Verdasco, Nicolás Almagro, Marcell Granollers, Tommy Robredo, Juan Carlos Moyá, Marcell Granollers, Sergi Bruguera; y los históricos Manuel Santana, Manuel Orantes, Andrés Gimeno, los hermanos Sánchez Vicario y un largo etcétera.
El deporte español está en un momento magnífico. No me sorprendería que fuéramos el primer país del mundo en un ránking que comparase éxitos deportivos en relación con la población. Ojalá que ese espíritu de superación y de sacrificio se trasladase a nuestra clase política, a las escuelas y las empresas… la crisis nos duraría “dos telediarios”.