Las más bellas catedrales
Soy una de las múltiples catequistas que pululan por nuestra querida Parroquia los Martes por la tarde para la catequesis de Primera Comunión, comprendida entre 6 y 9 años.
Si me paro a pensar cuándo empecé esta andadura, diría que desde el momento en que mis padres me bautizaron. Ese día me hicieron el mejor regalo de mi vida, ser Hija de Dios, llamada a descubrir su Amor Incondicional.
Con los años me he dado cuenta que semejante regalo no lo puedo guardar para mi sola, y Dios, tan buen Padre, me ha enseñado que la capacidad de amar es la única que aumenta cuanto más se derrama.
Por eso, a través de mi grupito de fierecillas de 6 años (los más pequeños entre los pequeños) Jesús me llama a ser un albañil en su preciosa Obra. Cada uno de ellos, con su diminuta estatura, me recuerda a los cimientos de las catedrales. ¡Qué responsabilidad más grande colocar bien todas las piedrecitas, por insignificantes que parezcan, para que el edificio con los años no se derrumbe!
Estoy segura que Dios les mira a todos con profundo cariño cuando empiezan a aprender parábolas a base de juegos (¡Hemos sembrado semillas por todas partes!), o cuando fabricamos nuestro propio calendario de Adviento con buenos propósitos y chocolatinas, o al hacer un teatro de moros y cristianos donde al final resplandece nuestra querida Virgen de la Almudena.
Nuestro momento culminante, por supuesto, los últimos 15 minutos de la catequesis, en la capilla, con Jesús en el sagrario esperándonos, y con el sacerdote enseñándonos como el buen pastor de la parábola.
No me quedo con nostalgia de que cuatro años pasan volando, porque la semilla, con la ayuda de Dios, caerá en tierra buena, y aquí, en su casa, seguirán construyendo la más bella catedral. Como nos dijo nuestro querido Obispo Don Javier Martínez en esa entrañable catequesis que nos dio en la JMJ de Madrid: Lo importante no es lo que vienen buscando, sino lo que se encuentran.
Filed Under: Portada


Gracias Coque. Con qué tranquilidad y confianza he dejado siempre a mis hijos en las Catequesis de San Jorge… son un regalazo para ellos y para los padres.
Como siempre Coque, directa, dulce, clara.
Cuánta razón en lo que cuentas.
Qué magnífica labor hacéis, a veces en la sombra.
Gracias por compartir una actividad parroquial tan poco conocida y, a la vez, tan necesaria.
Coque: Me encanta lo que dices, lo que haces, cómo lo dices y cómo lo haces. Basta veros los martes para comprender aún mejor a Cristo cuando nos decía que debíamos ser como niños para alcanzar el Reino de los Cielos. Y por supuesto la presencia del sacerdote en esos minutos de la Capilla les sirve de referente fundamental. Eso forma parte principal de lo que se encuentran en la parroquia.
Esto que haces, Coque, es mas importante que una catedral, aunque sea la de Santiago, que ya es decir. Claro que tampoco tiene tanto mérito, te entrenas toda la semana con esa niña y los tres monaguillos…. Porque el último también lo será, seguro. Por cierto, espero que tengas a punto a tiempo su “uniforme”.