Misa de niños en la parroquia

De niños o para niños, tanto da. Algo que yo he aprendido a evitar cuidadosamente, porque son un lío de lloros, gritos, carreras y juegos que impiden la concentración y el rezo. Y para los padres, por supuesto, misa perdida.

Quien piense así, como yo antiguamente, en mi opinión no solo está equivocado, sino que pierde de vista la primera “herramienta” disponible para la transmisión de la Fe a nuestros hijos y nietos, eso que tanto nos preocupa en éstos tiempos  difíciles. Para ello nos va a echar una mano el Señor, sin ella no hay nada qué hacer: pero algo tendemos que aportar los demás.

La ocasión de esta misa es magnífica, hay momentos muy significativos.  El niño es invitado a hacer peticiones, para lo cual pasa revista a su mundo y descubre lo que para él es importante, sus padres y abuelos (esto le encanta oírlo a uno que yo sé).  Pero también demuestra su generosidad innata y se acuerda de los pobres, de los enfermos, de los misioneros…los mayores descubrimos su limpio mundo.

Al leer las epístolas o pasar la cesta de las ofrendas, empieza a comprender lo que es un servicio a la comunidad, a la par que vence sus primeras batallas contra la timidez. El oficiante se dirige a él personalmente en más de una ocasión, por lo que se da cuenta de que “la cosa” le es propia; y en resumen, va absorbiendo una serie de experiencias, en un ambiente agradable, rodeado de su familia.

La misa deja de ser un tormento aburrido al que le someten cada semana. Todo ello, intuyo, no lo va a olvidar fácilmente y quién sabe si un día sea un tesoro de recuerdos que le ayuden en su camino. (“Recuerdo otros tiempos y desahogo mi alma conmigo: cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios….”).

(Dicho sea de paso: mis exhaustivos estudios estadísticos demuestran que el noventa por ciento de las homilías se las pueden aplicar a sí mismos, sin esfuerzo, todos los mayores; en realidad van dirigidas a ellos sin disimulo, como debe ser).

Ah! Si el niño tiene la suerte de que su padre o madre forma parte del pequeño coro que anima estas celebraciones, puede sentarse a su lado, estar tranquilo, sin hacer un ruido y sin perder detalle de los cantores, de las guitarras, y de la actividad que tiene lugar en el altar, que para eso están en la primera fila de la iglesia. (Por cierto que dicen los del coro que necesitan refuerzos, una invitación que no debe dejarse pasar por alto porque, aparte de tener “sosegados” a los niños propios, hace que éstos empiecen a comprender que el que canta reza dos veces).

Hace pocos domingos este coro incluyó en su repertorio “Virgen morenita”, una de mis favoritas, porque además de su letra ingenua y sencilla, me toca la fibra del orgullo de ser español e identificado con la ingente labor que España llevó a cabo en América. La elección de la canción no fue casual, como después se vio; y ello me lleva al punto culminante de aquella memorable misa. 

Pero antes recordaré que hay un grupo de señoras de la Parroquia que, dejando de lado las lamentaciones estériles, decidieron hacer algo por las chicas embarazadas, generalmente hispanoamericanas, que abandonadas y asustadas deciden abortar.

Tienen montado –en temporada de buen tiempo- un chiringuito en los jardines de la parroquia, con el que no creo consigan muchos fondos para su obra, más bien aportarán su propio dinero. Pero el chiringuito está ahí para recordarnos que todos los años se asesina en España a unos 120.000 niños. (¿Cómo podemos  olvidarlo?).

Durante algún tiempo sólo cosecharon fracasos, y hasta no sé si les pasó por la cabeza dejarlo e intentar otra cosa. Pero de repente tuvieron éxito en varios casos: no solamente evitaron los abortos, sino que acogieron a las mujeres, les enseñaron algo con que ganarse la vida e incluso les encontraron un empleo ¡en estos tiempos que corren!. Y ése domingo, en S. Jorge, se bautizó a de uno de esos niños.

Toda la ceremonia fue muy emotiva. En los primeros bancos la madre con el niño, los padrinos (Paloma, una de las señoras de grupo y un señor alto desconocido para mí, pero que pronto identifiqué como el padre adoptivo de dos minúsculas gemelitas igualmente vestidas, que no pararon de ir de un sitio para otro, pero sin alejarse demasiado de su padre, que el mundo está lleno de peligros….), y  el resto del grupo comprometido en esta iniciativa, con varias madres hispanoamericanas.

Reinaba un ambiente de alegría y sonrisas, no era para menos. Y cuando nuestro párroco invitó a todos los niños a acercarse a la pila bautismal (que eso también es catequesis) empezaron a surgir como racimos y se congregó una marabunta que a punto estuvo de tirar al suelo el Cirio Pascual, encendido para la ocasión. 

¿Y qué más puedo decir? Que de sobra sabemos que toda la liturgia del bautismo está llena de simbolismos (y algo más que simbolismos), que en aquellas circunstancias cobraban especial relieve.

Que Juan Pedro, visiblemente contento y sonriente, tuvo unas palabras cariñosísimas, que finalizó preguntando con delicadeza a la madre (que bien podría haber cambiado de intención, durante una ceremonia tan cargada de emociones, de la que seguramente había sido la inicial) si se atrevía a decir algo a los parroquianos presentes. Pareció dudar. Pero se atrevió. Micrófono en mano, en medio del pasillo medio ocupado con carritos de niños de otras hispanoamericanas, con voz entrecortada, interrumpiéndose continuamente para secarse las lágrimas, pero se atrevió. Apenas se le entendía, pero creo que todos sabíamos perfectamente lo que estaba diciendo y pensando.

Y, lo que son las cosas, media concurrencia empezó a sentir humedad en los ojos. Y algo más que humedad, todo sea dicho. Pero ningún problema: con disimulo, hay pañuelos. Son cosas que ocurren en la misa de niños. O para niños, tanto da. 

 “Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”.

 

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Comentarios (5)

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  1. paloma dice:

    Me parece fantastico que haya misa para niños, pero yo que soy abuela y comprendo a los niños divinamente porque me quedo con mis nietos encantada, creo que los padres que van a otras horas deberían ponerse en los bancos de atrás para que los niños no distrajesen con sus correrias, lloros etc. a los que vamos a oir misa.
    Ya se que los tiempos son distintos de los nuestros, pero cuando éramos pequeños si armábamos mucho ruido nuestros padres nos llamaban la atención, cosa que hoy en día no ocurre muchas veces.

  2. fedelena dice:

    Confieso que presumo de ser padre con autoridad (que no es lo mismo que padre autoritario). Sin embargo, en cierta ocasión estábamos en Misa y uno de nuestros bebés se puso a hacer algunos ruidos y no había manera de callarlo, a pesar de nuestros esfuerzos. El celebrante comentó que “como no puedo seguir con la homilía, continuamos la celebración”. Creo sinceramente que no era para tanto, pero sospecho que él hubiera preferido que sacáramos al niño del templo (y así lo hemos hecho en situaciones más extremas). Pero yo siempre me acuerdo de las palabras de Jesús: “dejad que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidáis; porque de los que son como estos es el Reino de los Cielos” (Mt 19, 14).
    A mí lo que me llama más la atención es la falta, no ya de niños, sino de gente joven, en la mayoría de las misas a las que acudo. Me temo que es un signo de pérdida de vigor de la fe y de la sociedad. Los niños, a pesar de los ruidos, gritos e incomodidades que generan, son la esperanza y el futuro de la sociedad. Prefiero una misa con niños y sus interrupciones que otra muy formal sin ellos.

  3. Floren dice:

    Efectivamente “Dejad que los niños se acerquen a Mi”, aunque, a veces, en su inocencia, se den sus carreras por delante del altar y algún padre intente que vuelvan a su sitio, sin mucho éxito. Y cuando alguno, berreando, muestra su disconformidad con alguna homilía, canto u oración, que también los hay críticos. Y cuando como una Marabunta se lanzan a por los recortes de Pan de Ángel a la sacristía, y cuando a veces pulsan a destiempo, cuándo si no, las cuerdas de alguna guitarra, “Dejad que los niños se acerquen a Mi”. Aunque ¿molesten?, da gusto ver a padres jóvenes con sus hijos, a abuelos con sus nietos, a tíos y sobrinos, a primos que compiten por ser monaguillos, a padres que empujan a sus hijos para que hagan sus peticiones. A pesar de las posibles dudas sobre “escuchar Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar” yo se que Cristo, allí presente, sonreirá y nos recordará que seamos como ellos. Gracias Pedro por todo lo que dices, y ¡ánimo!, acudid a esta Misa, “Venid y lo vereis”.

  4. pering dice:

    La misa de niños es, efectivamente, una misa especial. Es pura catequesis y aunque es cierto que hay niños que parecen no tener padres que reduzca un poquito la frecuencia de sus carreras por los pasillos, también lo es que hay niños muy pequeños en las primeras filas o donde el coro, no digamos ya los que actúan de monaguillo sin que puedan ver por encima del altar, que están viviendo su primera experiencia en la iglesia. Y eso es importantísimo. Gracias a los padres, abuelos y demás familiares que llevan estos niños a misa. Y gracias, Juan Pedro, por lo que nos enseñas en esa misa.

  5. tuky dice:

    Habia escrito un comentario superlargo y se me ha borrado, por algo será: resumiré

    Gracias Pedro. Por tu columna y por recordarnos las misas de niños en las que nuestros hijos (Y nosotros)disfrutan tanto. Saben que van a ver a Jesús y esperan impacientes los domingos: sus cantos, pasar la cesta, leer, los “recortes” q les da Juan Pedro…
    La misa que recuerdas fue una preciosidad.Martina y su bebé…
    Como madre de niñas pequeñas no puedo evitar contestar a Paloma. Siento la molestia, si un niño berrea habrá que sacarle, pero es mucho mejor que una familia vaya a misa unida y se ponga delante porque los hijos saben que lo que van a hacer alli es algo importante. Yo agradezco enormemente la paciencia y comprension que demuestran con mucha gentileza los fieles con los que compartimos la eucaristia. Siempre son amables y pacientes con nosotros y nuestros hijos. Gracias a eso mi hija mayor siempre me pregunta: -mami, hoy vamos a San Jorge??- Sí, Sol, si (le digo yo)- Bieeeen!! responde ella. Me encanta que le encante:)
    Lo dicho… GRACIAS PEDRO!!

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