Calla, no hagas ruido
ven a la trastienda,
escucha, en silencio,
deja el mundo fuera.
Olvida el bullicio,
las cosas terrenas,
deja las tensiones,
para, no te muevas
vacía la mente,
todo se serena….
Que nada perturbe,
esta paz eterna,
contempla sin ansias,
escucha al que llega.
Pon toda tu vida,
en callada espera,
échale de menos,
percibe su ausencia,
llama sin palabras,
desea que venga.
Abre el Santuario,
libera la puerta,
limpia bien los goznes,
de toda impureza,
tómate tu tiempo,
porque abrirla cuesta.
Parece atrancada,
y tratas de abrirla,
con la inteligencia,
mas con tus razones
no la abres, la cierras.
Con las emociones
te afanas, lo intentas,
a veces te exaltas,
otras desesperas,
piensas en ti mismo
proteges tu ego….
y te quedas fuera.
Encuentra la llave,
abre la conciencia,
¿o es que has olvidado
en dónde se encuentra?
Sólo puede hallarla,
el que persevera.
Te olvidas de todo,
esperas y esperas…
Al fin has abierto,
y ves unas huellas.
Hay algo distinto…
¿notas la presencia?
¿No serás tú mismo?
Pero,… si estás dentro,
¿Quién está ahí afuera,
con tus sentimientos,
con tu inteligencia?
Pero,… si estás fuera,
¿Quién habita aquí?
¿Quién es?
¿Quién te espera?
¿Será que ha llegado
el que más deseas?
¿Será que El ya estaba
y, por fin, lo encuentras?
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Precioso, como siempre, Félix. Muchas gracias.
Félix, te conozco hace mucho y no dejas de sorprenderme. Lo que escribes es mística de la buena. Impresionante.