El amor supremo de una madre (II)
Adela, enferma de ELA, escribe esta poesía, llena de sensibilidad y amor, a sus dos hijos de 14 y 11 años pensando en el día en que no estará con ellos.
Cuando me vaya,
quiero ser la luna que te mece en sus brazos
mientras duermes,
ser la estrella en el cielo que te guía de noche
si ves que te pierdes.
Quiero ser un beso en tu frente,
una sonrisa en tus labios,
una caricia en tu pelo.
Quiero ser un instante
de presencia en tu espacio,
un rayo de vida
fugaz en el tiempo.
Un momento,
un soplo,
un abrazo del viento.
Cuando me vaya,
donde quiera que esté,
quiero ser todo eso.
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Tan bello como ‘dramatico’ con la esperanza que todo tiene un sentido. Un abrazo.